martes, 21 de junio de 2016

Por qué duele tanto una ruptura amorosa

Desde el punto de vista científico se han hecho grandes avances para explicar el por qué de este dolor que exprimentamos.



No es la letra de una canción cursi, es algo que afirma un neurólogo británico: el amor es como una droga. A partir de esta premisa, el especialista Dean Burnett decidió explicar en su libro Idiot Brain (Cerebro Idiota) uno de los procesos que más preocupan al humano moderno: ¿por qué sufrimos tanto cuando nuestra relación amorosa se rompe, y con ella, nuestro corazón?

Quizá, según sus palabras, porque precisamente lo que se rompe no es tanto el corazón como el mismo cerebro, el cual, acostumbrado a recibir una serie de estímulos durante el amor —estímulos que le enganchaban como lo puede hacer una droga—, tiene muy difícil encontrar el modo de quitarse el mono.

La semana pasada The Guardian publicaba un extracto de Idiot Brain, donde Burnett explica este fenómeno. Aquí reproducimos algunos fragmentos:

Estar enamorado parece elevar la actividad de la dopamina en el cerebro, lo que significa que, al estar con nuestra pareja, experimentamos placer, casi como si se tratara de una droga. Y la oxcitocina, llamada a veces “la hormona del amor” también parece ser elevada en las personas que tienen una relación, y se ha asociado con la confianza y la conexión de las personas.

El cerebro, en respuesta a esos estímulos profundos e intentos, se engancha a ellos. Y luego la relación termina. Considerando que el cerebro invierte energías en el mantenimiento de esa relación, todos los cambios que ésta sufre le afectan. Si se le quitan estos estímulos de un golpe, se verá afectado negativamente. Todas las sensaciones positivas que experimentó de pronto cesan, lo cual es muy preocupante para un órgano que no es capaz de asumir del todo la incertidumbre y la ambigüedad.

Hay estudios que demuestran que una ruptura amorosa activa las mismas regiones del cerebro que procesan el dolor físico.

La adicción y abstinencia pueden ser muy perjudiciales y dañinas para el cerebro, y de hecho, un proceso no muy diferente es el que ocurre aquí. Eso no quiere decir que el cerebro no tenga la capacidad para hacer frente a una ruptura. Algunos experimentos demuestran que si nos centramos específicamente en los resultados positivos de una ruptura, la recuperación puede ser más rápida.