domingo, 10 de julio de 2016

La mejor forma de pintar la fachada de tu casa

Así se la da más alegría y vida a una ciudad!



A veces el urbanismo se centra en determinados detalles y olvida otros. Poner fuentes, estatuas, árboles y farolas de diseño en las calles para embellecerlas está bien, pero si luego los edificios están abandonados y las fachadas acumulan suciedad hasta volverse grises, el esfuerzo se queda a la mitad.

Pero, claro, ningún ayuntamiento va a asumir la limpieza y pintura de casas vacías. Eso es coto propicio para iniciativas privadas y entre ellas puede figurar la imaginación de algún artista. Y no me refiero a los grafiteros, de los que hay algunos meritorios frente a otros que son simples mancha-paredes. Si nos trasladamos a Francia, tenemos el ejemplo de Patrick Commecy.

Lo que caracteriza la obra de Commecy son dos elementos: el tamaño y el formato, ambos estrechamente relacionados en este caso. Porque Commecy no usa lienzos sino muros, paredes, fachadas… dotando de una vida vibrante y animada a lo que antes era una zona gris y vacía, muerta. Con su técnica, extremadamente realista, y ayudado por un equipo de muralistas, consigue que los edificios se conviertan en auténticos mundos en los que hay que estar atento al menor detalle.

De pronto, las ventanas tienen inquilinos asomados, los balcones se llenan de gente, aves que en realidad no existen proyectan su sombra, los trampantojos son la norma y la propia arquitectura del edificio se transforma, de manera que un solo bloque se separa en dos mediante una imaginaria pero bien plasmada escalinata. A veces se hace difícil distinguir lo real de lo imaginario a menos que uno se fije mucho.

Lo gracioso es que ese hiperrealismo se combina en ocasiones con un estilo abiertamente cercano al del cómic para representar a los personajes, de manera que resulta probable que más de uno encuentre similitudes con 13 Rue del Percebe.

Además, a menudo, entre esos vecinos tan simpáticos y variopintos, un ojo atento puede descubrir a algún personaje famoso, sea un ilustre científico, un deportista de élite, un político local, etc. Otras veces recurre a la literatura o al cine. Y se recrean escenas cotidianas complejas, caso de la actividad en una panadería, el rodaje de una película, alguna situación más cercanas al surrealismo…